La palabra culebrón tiene varias acepciones en el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Puede referirse a una mujer intrigante y de mala reputación. También a una serpiente peluda, muy peligrosa para los humanos, que aparece en leyendas de diferentes países de Hispanoamérica y que siempre están relacionadas con le existencia de un tesoro que custodia el culebrón que, a veces, se denomina viborón.

Pero la palabra culebrón, al menos, desde hace algunas décadas, se ha utilizado para referirse a una telenovela que consta de gran cantidad de episodios a lo largo de los cuales se establecen intensas relaciones sentimentales de carácter melodramático entre los diferentes personajes. Algunos de esos culebrones, muy celebrados en Hispanoamérica, donde tienen su origen, han tenido importante repercusión en España.

Por extensión se ha denominado culebrón una historia real que, prolongada en exceso, da lugar a enfrentamientos y situaciones poco comunes con un final llamativo. En ese sentido, un culebrón es lo que en los últimos días nos ha deparado la extrema izquierda en Andalucía en su intento de unificar en una confluencia a lo que denominan en los ambientes de la progresía como la izquierda izquierda o la izquierda a la izquierda del PSOE, para no utilizar la expresión extrema izquierda porque sería admitir que es una contraposición a la extrema derecha, denominación que reservan para Vox para presentarlo como partido de planteamientos extremistas.

En la fase final de ese culebrón ha intervenido una de las vicepresidentes del gobierno de Sánchez: Yolanda Díaz que, que en un viaje relámpago a Andalucía, buscó cerrar alianzas entre los grupos que constituyen la extrema izquierda, pero el acuerdo no fue posible en el plazo que está establecido por la Ley Electoral y quedaron fuera Unidas Podemos y Alianza Verde porque tensaron tanto las negociaciones que se les acabo el plazo para presentar las candidaturas de las coaliciones.

Quizá, pensaron -al fin y al cabo Podemos surgió en asambleas universitarias- que, como ocurría en el tardo franquismo, estaban en una de aquellas asambleas en las que ciertos elementos, por lo general vinculados a la extrema izquierda, eternizaban los debates con el propósito de que los asistentes, hastiados, se marcharan y quedasen para votar sólo ellos. Luego aquel resultado, fruto de una exigua minoría, se presentaba como un acuerdo de la asamblea. La diferencia es que ahora había plazos y han llegado tarde.

Han acudido a la Junta Electoral de Andalucía, alegando la necesidad de subsanar la situación por un error administrativo, pero el recurso ha sido rechazado -ahora está en manos de la Junta Electoral Central-, dejando fuera de la coalición a los podemitas, cuyas posibilidades electorales en Andalucía, caso de presentarse en solitario, son prácticamente nulas.

Hay quien ha interpretado la situación como un éxito de Yolanda Díaz, cuyas diferencias con la actual secretaria general de Podemos Ione Belarra, una mujer de paja puesta por Pablo Iglesias quien, pese a su retirada oficial de la política, no se resiste a dejar de manejar los hilos podemitas, son más que notables. Yolanda Díaz se desmarca, pese a haber acudido al cierre del culebrón, señalando que esa confluencia no es su proyecto político. Probablemente está esperado a los resultados del 19 de junio porque las derrotas no son plato de gusto.

(Publicada en ABC Córdoba el viernes 13 de mayo de 2022 en esta dirección)

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