Tomar decisiones no es fácil porque en toda decisión, casi siempre, hay quien resulta beneficiado y quien perjudicado. Tomar decisiones no es fácil casi nunca, pero en situaciones complicadas lo es mucho más. Cualquier manual de buen gobierno señala que, en caso de duda, lo que debe primar es el bien común. La realidad señala que eso no es así en muchas ocasiones. Hay gobernantes que deciden por intereses partidistas —caso de las democracias, a veces convertidas en partitocracias—, o bien lo hacen respondiendo a intereses inconfesables.

Hará pronto año y medio —¡quién iba a decírnoslo en marzo del 2020! — que la situación es muy complicada para cualquier gobernante. Hay mucho en juego, empezando por la salud de las personas. La economía está en situación difícil, sobre todo las actividades relacionadas con las vacaciones y el ocio. En España, con un porcentaje muy elevado de su Producto Interior Bruto dependiendo de esas actividades —hoteles, restaurantes, cafetería, bares, discotecas, salas de fiestas, feriantes…—, se encuentran en un momento muy delicado. Nuestra economía fue la que más cayó de todas las europeas en 2020.

Es esta situación en que nos encontramos la que ha llevado a los alcaldes de localidades como CabraLucena Priego, cuyas fiestas se celebran en la primera quincena de septiembre, a tomar una decisión común. Ese detalle, hacerlo de forma acordada, es algo que ha de valorarse positivamente, dada la afición que tenemos a establecer comparaciones. A veces, sin tener en cuenta cuestiones de suma importancia que hacen la comparación poco adecuada, ya se decía en La Celestina que toda comparación es odiosa y Cervantes lo ratificaba en El Quijote.

Las ferias de estas localidades van a celebrarse, pese a que la llamada quinta ola es una realidad. Cierto que mucho menos letal que las anteriores, pero con tasas de contagios muy altas. No habrá casetas por lo que suponen de espacios cerrados. Serán sustituidas por terrazas que ofrecen situaciones menos contagiosas. Habrá atracciones de feria, que resultan el atractivo principal de las ferias para los niños y adolescentes, pero con controles y restricciones de aforo. Se celebrarán otros eventos con los controles correspondientes. Nos parece loable el intento por parte de las autoridades de salvar unas fiestas que ya el año pasado no pudieron celebrarse —no se puede olvidar que estamos en una sociedad donde el ocio y la diversión priman sobre otros valores—.

Quizá sea acertada la medida de dar un respiro a uno de los sectores más castigados de nuestra economía. Pero, ¿cuáles serán las consecuencias que se derivarán por culpa de los insensatos que no cumplirán las normas establecidas —a los hechos nos remitimos— y menos aún en situaciones de diversión…? Reiteramos: tomar decisiones no es fácil. Menos aún en circunstancias complicadas.

(Publicada en ABC Córdoba el 31 de julio de 2021 en esta dirección)

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