Una de las peores cosas que puede ocurrir en el seno de una formación política son las disensiones y divisiones internas. Es algo que el electorado no suele perdonar. Aunque no siempre ocurre del mismo modo. Hay castigos mayores y menores, electoralmente hablando. Las serias diferencias en el PSOE andaluz, como fueron los enfrentamientos entre los partidarios de Alfonso Guerra, cuando era el todopoderoso vicepresidente del gobierno y afirmaba aquello de que quien se movía no salía en la foto, y los de José Rodríguez de la Borbolla, presidente de la Junta de Andalucía, conocidos como guerristas y borbollistas, fueron más que notables. Aquel enfrentamiento no pasó al socialismo una factura demasiado onerosa. Ni por asomo parecida a las disensiones en el seno del andalucismo, protagonizadas por Alejandro Rojas-Marcos y Pedro Pacheco. Posiblemente la causa haya que buscarla en que el PSOE era partido hegemónico en Andalucía mientras que el espacio político del PA era demasiado pequeño para ambos.

En las filas podemitas hace tiempo que las diferencias internas son moneda corriente y, desde luego, electoralmente le vienen pasando factura. Las disensiones en Madrid han sido numerosas. La más importante la protagoniza por Iñigo Errejón, enfrentado a Pablo Iglesias, que llevó al primero a crear, junto a la que fuera alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, la marca Más Madrid, dejó la representación de los de Iglesias en poco más que testimonial en el ayuntamiento de la capital de España y en el parlamento autonómico. El enfrentamiento de Iglesias con quienes no admiten sus planteamientos, auténticamente dictatoriales, como corresponde a su ideología comunista, le llevaron a enfrentarse en Galicia a las llamadas Mareas. El resultado en las últimas elecciones autonómicas los ha hecho desaparecer del mapa político en aquella comunidad, al quedar fuera de su parlamento.

En los últimos días hemos asistido a la culminación de un enfrentamiento, que viene de lejos, en lo que fue Adelante Andalucía. La bronca entre los Anticapitalistas que lidera Teresa Rodríguez, que se ha llevado ocho diputados del grupo parlamentario en la cámara andaluza, y los restos de podemos, donde está incluida lo que queda de Izquierda Unida, ha estallado como monumental bronca entre dos de sus referentes femeninos: la mencionada Teresa Rodríguez, que se encuentra con una baja por razones de maternidad, e Irene Montero. Esta ha acusado a la primera de quejarse de que la expulsión del grupo parlamentario al que hasta ahora pertenecía -ha sido expulsado junto con los suyos por un acuerdo de la mesa del parlamento a petición de la portavoz de la formación podemita- se ha producido aprovechando que se encontraba de baja. A Teresa Rodríguez la ha faltado tiempo para replicar a la esposa de Pablo Iglesias que a diferencia de ella, quien sólo ha ejercido profesionalmente unos meses como cajera de un supermercado, tiene profesión fuera de la política y además vive en el mismo barrio donde vivía antes de dedicarse a la política.

La bronca podemita ha explotado en Andalucía para regocijo del PSOE. Las próximas elecciones darán su veredicto porque Podemos no es un partido hegemónico.

(Publicada en ABC Córdoba el 7 de noviembre de 2020 en esta dirección)

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