Hoy, el photoshop -nombre popular de un programa informático cuyo nombre es Adobe Photoshop, que sirve para editar y retocar toda clase de imágenes- puede hacer cosas que hace poco tiempo resultaban imposibles. La técnica del retocado de fotografías es muy antigua, pero lo de photoshop impresiona. Los soviéticos, por ejemplo, utilizaban el retoque para hacer desaparecer de ciertas imágenes a personajes caídos en desgracia. Fue una práctica muy extendida durante las purgas stalinistas. Pero lo del photoshop va mucho más allá. Puede situarse, por ejemplo, a Winston Churchill como tercero en la entrevista sostenida por Franco y Hitler en Hendaya, en octubre de 1941. En el plano de la vida cotidiana puede adelgazar al que le sobran unos kilos, puede rejuvenecer a los que están entrados en años y convertir en un adonis a un varón con aspecto de adefesio –he preferido masculinizar el ejemplo para evitar problemas-. Todo gracias a una avanzada tecnología que antaño quedaba en manos del virtuosismo del fotógrafo, al que se conocía también como retratista. Todo ello es un truco para deformar la realidad.

Pero hay fotografías en que el truco no está en los retoques, sino en la esencia. Ocurre con ciertas imágenes familiares donde aparecen yernos y suegros -otra vez he cuidado el género- que sonríen a la cámara o al móvil en amor y compaña, manifestando una alegría que no existe porque, amén de algunas pelusillas, hay herencias de por medio o testamentos que han producido frustraciones y generan envidias familiares.

El truco fotográfico también es muy habitual en las imágenes públicas de los políticos. Sin ir más lejos, las que  nos han ofrecido los capitostes de los partidos de gobierno del Ayuntamiento de Córdoba y de quien les ha suministrado los apoyos externos necesarios y que tiempo ha, quiso formar un triunvirato. Pero la alcaldesa Ambrosio cerró el paso a tales apetencias de Ganemos. Que hubieran estado listos cuando se organizaba el gobierno y no se hubieran andado con zarandajas. Los integrantes de ese gobierno y la muleta externa a lo largo del mandato han puesto de  relieve la falta de sintonía y los continuos desacuerdos: dificultades varias para sacar adelante los presupuestos, verdaderas trágalas en materia de ordenanzas fiscales, iniciativas de la alcaldesa de las que sus aliados de gobierno bramaban al enterarse por la prensa, rechazo público a los planteamientos e iniciativas de la otra pata gubernamental y un largo etcétera.

En el gobierno municipal cordobés y la muleta de apoyo externo se han dado todos los elementos para que meses antes de la expiración del mandato se hubiera escenificado una ruptura. Es un truco político muy utilizado en las coaliciones. Sirva de ejemplo la escenificada por Juan Martín, de Ciudadanos, con la expresidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. Pero en Córdoba se ha hecho lo contrario. Pese a tanto desencuentro, la foto de familia quiere darnos a entender que todo ha sido en estos años una balsa de aceite. Que no ha habido serias divergencias y, si se ha producido algún exabrupto, pelillos a la mar que la concordia está por encima de ello.

Es la imagen que ofrece la foto de Ambrosio, García y Blázquez con motivo del acuerdo presupuestario, escenificando un final feliz, aunque a García se le ve un tanto distante. Una imagen que buscaba una fotografía que tiene truco.

(Publicada en ABC Córdoba el 2 de marzo de 2019 en esta dirección)

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