Cuando David Cameron tuvo lo ocurrencia de convocar un referéndum para que los británicos decidieran si permanecían o se largaban de la Unión Europea, se acuñó la expresión Brexit para referirse a la salida, según los planteamientos de Nigel Farage, líder del United Kingdom Independence Party o UKIP, una formación política de la que surgiría Brexit Party como una escisión del UKIP. Cameron, después de haber conseguido mediante un referéndum, que Escocia permaneciera en el Reino Unido por mayor margen del que señalaban las encuestas, se apuntó a la moda de los referéndums. Pero en este le salió el tiro por la culata. El resultado final señaló que por una pequeña mayoría los británicos -fundamentalmente ingleses- querían irse de la Unión Europea. Las encuestas no habían ponderado adecuadamente la posición de la Gran Bretaña profunda, cuyo voto fue el que decidió el resultado final de la consulta.

La expresión brexit es hoy sinónimo de la salida del Reino Unido de la Unión Europea y, desde la fecha fijada por los propios británicos para su salida, ya que el plazo no contaba hasta que un acuerdo del parlamento británico lo aprobase, los problemas se han acumulado en el Reino Unido, donde la fragmentación entre los que quieren marcharse y los que desean permanecer es evidente. Tanto es así que la fecha de la salida ha sido prorrogada en un intento de buscar que la salida, que parece inexorable, se realice de la forma menos traumática posible.

Las negociaciones han sido complejas y arduas, porque complejo y arduo es el abandono de un miembro de la Unión, a lo que se añade la propia importancia del Reino Unido, y porque la frontera entre las dos Irlandas, durante décadas una línea de sangre, supone un problema añadido. La situación en que, con la salida, queda esa frontera es hoy uno de los problemas principales. Los diferentes intentos de la anterior premier Theresa May por conseguir que el parlamento aprobase unas condiciones de salida pactadas con la Unión Europea se saldaron con estrepitosos fracasos que la llevaron a presentar su dimisión, tanto del gobierno como de la jefatura del Partido Conservador. Esa dimisión ha convertido en primer ministro a Boris Jonhson, un sujeto de actitudes estrafalarias, entre otras la de colocar en una reunión con otro mandatario el pie encima de mesa.

Jonhson es un populista de derechas que ha abanderado la idea de abandonar la Unión Europea el 31 de octubre -última fecha señalada para la salida- dando un portazo. Amenaza incluso con no pagar las cantidades pactadas y que los británicos deben afrontar, como consecuencia de los compromisos contraídos con anterioridad en el seno de la Unión. Lo de Jonhson es irse dando un portazo -actitud a la que le anima el presidente de los Estados Unidos, enemigo visceral de la Unión Europea-, sin que al parecer le preocupen demasiado las consecuencias.

Para no tener que lidiar con la oposición -su posición parlamentaria es extremadamente débil- y no tener que enfrentarse a miembros de su propio partido –ya hay dimisiones- ha tomado la inaudita decisión de cerrar temporalmente el parlamento británico. A Jonhson le parece adecuado si se trata de ganar tiempo para sacar al Reino Unido de Europa. Con él como primer ministro el brexit ha  tomado una nueva dimensión que, dada su particular forma de encarar los asuntos, podríamos denominar como Jonhsonexit: salida por las bravas. Las consecuencias pueden ser funestas para todos… empezando por sus compatriotas.

(Publicada en ABC Córdoba el 7 de septiembre de 2019 en esta dirección)

Imagen: Wikipedia

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