Apenas quedan unos días para que se despida 2020. Muchos piensan que es un año para olvidar. No comparto esa opinión. El año que se acaba es un año histórico en el sentido Histórico de la palabra. Quedará en los manuales de Historia, no como esos «momentos históricos» de los que nos hablan algunos políticos cuando ocurre algo de lo que ellos se sienten protagonistas.

Pienso que 2020 es un año para no olvidar porque, más allá de las tremendas dificultades que nos ha traído, nos ha revelado cosas muy importantes. Nos ha dicho que la sociedad occidental, tan pagada de sí misma que se creía estar inmune a estos problemas y era ajena a estas dificultades -estas cosas sucedían en los que algunos denominan como Tercer Mundo, pero aquí estábamos a salvo-, es vulnerable.

Que su hedonismo imperante, al haber convertido el consumo en una de sus realidades y el disfrute del placer en su principal objeto porque nos lo merecemos -no hay más que poner atención a algunas de las parrafadas que lo que nos suelta la publicidad-, es un débil soporte puede venirse abajo. Ese hedonismo explica que haya quien no es capaz de prescindir ir a las fiestas o convierta en un problema no poder viajar, comer con los amigos o reunirnos por Navidad.

Más allá de la pandemia, hay otras muchas cosas, ciertamente de menor entidad, que no deben olvidarse como los manejos de José Félix Tezanos con los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Los desastrosos resultados de los podemitas en las elecciones autonómicas gallegas y vascas. Los acuerdos de Sánchez con los herederos políticos de los asesinos etarras. Los intentos gubernamentales de controlas el poder judicial. Que el Rey emérito no actuó como debía en lo referente a sus ingresos, gastos y cuentas con Hacienda. El fiasco de Pablo Iglesias que ha llevado a que sólo el 0,3 por ciento considere la monarquía un problema y que muchos españoles crean que nuestro problema más serio es él. La falsedad de las promesas del presidente del Gobierno cuando al comienzo de la pandemia repetía como un mantra «no dejaremos a nadie atrás».

Tampoco debe olvidarse el esfuerzo de nuestros sanitarios, de nuestro Ejército, de nuestras fuerzas de seguridad, de nuestros profesores -han mantenido la actividad académica sin problemas y han espantado los temores que había a comienzos de curso- y de tanta y tanta gente.

Ni el trabajo de Cáritas, de los bancos de alimentos, de prestigiosos chefs… Que han hecho que quienes se han quedado atrás hayan tenido algo que llevarse a la boca. Ni olvidar que muchos autónomos han quedado atrás y tenido que cerrar su negocio.

(Publicada en ABC Córdoba el 26 de diciembre de 2020 en esta dirección)

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One Response to Mejor no olvidarlo | JoséCalvoPoyato
  1. Totalmente de acuerdo Pepe. Y yo añadiría algo más. 2020 ha sido un año histórico, también, porque se ha profundizado, como nunca desde hace 42 años, la brecha entre las dos Españas.


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