La campaña toca a su fin. Mañana es jornada de reflexión y el domingo toca votar. Atrás han quedado las dos semanas de campaña oficial, que, en realidad, son mucho más tiempo porque las campañas electorales comienzan con bastante anterioridad a que sean oficialmente convocadas las elecciones. Una vez dado el banderazo de salida las promesas de los candidatos se suceden, aunque en esta campaña, si hacemos memoria, no han sido muchas.

Los candidatos han estado más pendientes de lo que decían los rivales para desautorizarlos e incluso ridiculizarlos, que de exponer sus programas. Se ha hecho burla de algunas situaciones con vaca incluida y las torrijas han estado de moda durante unos días. Se ha buscado la forma de eliminar al contrincante por usar recursos extemporáneos, como los empadronamientos a toda prisa, para poder presentarse a las elecciones.

Pero sobre todo se ha dedicado mucho tiempo a señalar los posibles gobiernos que resulten de las urnas. El candidato socialista y los de la extrema izquierda han señalado, poco menos que dando al PP como ganador de las elecciones lo que supone un error mayúsculo, que tendrá que dar entrada en el gobierno a la extrema derecha, que ha sido utilizada por el PSOE como un espantajo, a la manera en cómo en otro tiempo se refería al Partido Popular, considerándolo un dóberman.

Vox, por su parte ha señalado que Moreno Bonilla, a quien al igual que la izquierda da como ganador, sólo será presidente si los incorpora a ellos al gobierno. Olona se lo dejó muy claro al candidato de los populares en el último debate, al decirle, mirándolo a los ojos, que bastaría que necesitase para ser presidente un solo voto de su formación no lo sería, si ellos no formaban parte del gobierno.

Espadas que, con el apoyo de Sánchez -lo del apoyo es un decir porque su presencia en Andalucía no despierta precisamente entusiasmo-, comenzó la campaña con el referido clásico entre los socialistas: amenazas de lo que suponía que gobernase la derecha. Corrigió rápidamente porque aquello de que la pérdida de las prestaciones por desempleo o del cobro de las pensiones que ligaban a que ellos estuvieran en el gobierno y corrían riesgo si gobernaba la derecha, ya no colaba.

La derecha ha gobernado los últimos tres años y medio y las prestaciones por desempleo han seguido su curso normal y los pensionistas han recibido puntualmente sus cantidades. No cuela la amenaza que durante décadas utilizaron para amedrentar a quienes tuvieran tentaciones de dejar de votarlos.

Pero eran otros tiempos. Como tampoco cuela por estas latitudes que Sánchez aluda a las corrupciones del PP porque para corrupciones en Andalucía las del PSOE. Ni que amenacen con un posible gobierno de PP con la extrema derecha porque ellos no han tenido empacho en apoyarse en la extrema izquierda para gobernar o con el apoyo de Bildu -los herederos políticos de ETA-, como lo hace el propio Pedro Sánchez que también hace genuflexiones difíciles de entender en un presidente de España, ante los independentistas catalanes.

Ha sido esta una campaña que, según los guiones establecidos para estos procesos, ha resultado un tanto extraña. Queda muy lejos aquello de programa, programa, programa de Julio Anguita, como recordaba el maestro Antonio Burgos.

(Publicada en ABC Córdoba el 17 de junio de 2022 en esta dirección)

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