El Ayuntamiento de Córdoba parece estar de morros con la iluminación. Es posible  que la causa de ello esté en que las empresas eléctricas están consideradas como una de las expresiones más acabadas del capitalismo en nuestros días o tal vez se trate de evitar la contaminación lumínica. La pobreza lumínica de la Navidad, que lleva camino de convertirse en un clásico, ha dado lugar, en más de una ocasión a protestas vecinales. Otro tanto ocurre con la oscuridad imperante en Cruz Conde. En ambos casos, de no haber sido por la iniciativa de centros comerciales, grandes almacenes o establecimientos particulares, la falta de luz hubiera sido la nota dominante. Ahora a lo ocurrido con una de las calles más emblemáticas de Córdoba, se suma la situación, algo más que lamentable, en que se encuentra la iluminación del monumento más importante de la ciudad. La iluminación artística de la Mezquita-Catedral, que depende del Ayuntamiento, está en un estado de abandono tal que, cuando cae la noche, acercarse a la zona supone entrar en lo que popularmente se denomina como negrura propia de “boca de lobo”. No es exageración porque un porcentaje elevado de los elementos lumínicos que deberían ofrecer una imagen atractiva del monumento están fundidos y hay zonas que ofrecen un aspecto tenebroso.

Hay quienes piensan que todo esto responde a una maligna planificación de quien es responsable municipal de las cuestiones lumínicas. Quienes eso sostienen señalan que Córdoba no se alumbra en Navidad porque se trata de una fiesta que, aunque cada vez tiene tintes más profanos, en su esencia es una celebración cristiana: el nacimiento de Jesús. La oscuridad imperante en Cruz Conde es un disparo al capitalismo por ser una calle de comercios de nivel y relumbre familiar. Lo que ocurre con la Mezquita-Catedral hay, según quienes sostienen ese planteamiento, que relacionarlo con la existencia de un templo cristiano. Es lo que podríamos denominar como oscuridad ideológica, que es propia de quienes sostienen que incluso cuando se está barriendo -en este caso dejando de colocar las bombillas necesarias- se hace política.

Los daños para Córdoba y sus gentes –no se olvide que quien está dando lugar a estas situaciones de oscuridad es el que se presentó como el gobierno de la gente- son serios. Comercios que ven como su clientela o los visitantes ocasionales no se sienten atraídos por un entorno que resulta poco propicio para comprar o, en el caso de la Mezquita-Catedral, provoca el rechazo de quienes se acerquen por la zona, tras la caída de la noche. Sea por razones ideológicas, como piensan algunos, sea por la incapacidad de quien es el responsable del ramo, la cuestión es que ni Córdoba ni sus gentes se merecen que esté ocurriendo esto, que además daña de forma grave la imagen de una ciudad que vive en buena medida de ella.

La solución no está en crear comisiones ni realizar profundos estudios para ver de qué manera puede enfocarse el problema. La solución, en un caso como este, es muy simple: poner bombillas y tener un servicio de mantenimiento que reponga los desperfectos. El Ayuntamiento no gasta todo el dinero que tiene como señala su importante remanente de tesorería. Un dinero que sale de los bolsillos de quienes se sienten perjudicados por una situación a la que debe ponerse remedio sin pérdida de tiempo

(Publicada en ABC Córdoba el 10 de abril de 2019 en esta dirección)

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