Las terminales mediáticas de la Moncloa y los medios acríticos que defienden a su inquilino se empecinan en señalar que han sido unas elecciones autonómicas con una limitada repercusión en el ámbito nacional. Pero sabemos que no es así y Sánchez, cuyo semblante al día siguiente de las elecciones andaluzas señalaba su verdadero estado de ánimo y la repercusión que aquellos resultados suponían, toma medidas que suponen que el gobierno controle instituciones clave que pierden la independencia que debe presidir sus actuaciones. Si al principio de este mandato, colocaba a quien había sido su ministra de Justicia en la Fiscalía General de Estado, con las consecuencias que todos conocemos, o al frente CIS a Tezanos -su libro sobre el presidente del Gobierno dice cosas que abochornan-, para distorsionar la realidad, minando y dejando por los suelos el crédito y solvencia de la institución que preside, ahora fuerza la salida del director del Instituto Nacional de Estadística porque no le gustan los datos que ofrece sobre el débil crecimiento de nuestra economía y una inflación galopante, salida que ha provocado la protesta de los estadísticos del Instituto.

También ha intervenido en Indra, la empresa que, entre otras cosas, recopila y da los datos de las elecciones -ojo Sánchez ya intentó un pucherazo, que fue descubierto, la noche en que fue defenestrado de la secretaría general de PSOE-, con el apoyo de Prisa.

Todo ello se produce pocos días después de unas elecciones acerca de las cuales afirma que su repercusión no es extrapolable al ámbito nacional. Saben en Moncloa que eso no es así porque el paisaje que queda en Andalucía después de las elecciones no es halagüeño de cara a unas Elecciones Generales. Mucho más grave que en las municipales de la próxima primavera porque en esos comicios es fundamental el papel que desempeñan los alcaldes y los candidatos. La proximidad lleva a que se vote de manera muy diferente, aunque los alcaldes socialistas en Andalucía tienen motivos para preocuparse por una razón fundamental: el voto clientelar del PSOE que se fue articulando durante tantos años ha empezado a resquebrajarse. Esa red clientelar ha recibido un duro golpe tras tres años y medio de no tocar poder y tener por delante, al menos, otros cuatro años de abstención. Ante ese panorama las clientelas electorales se deshacen y ese es uno de los temores que se ha instalado entre quienes saben que Andalucía ha sido un manantial de votos socialistas. Ese es uno de los panoramas que queda tras la batalla electoral. Añádase, en el caso de las elecciones generales, que Sánchez es una rémora para su partido. Por estas latitudes no se entienden sus acuerdos con Bildu o los independentistas y una mayoría los rechaza. Tampoco se comprende que se entreguen a Cataluña, a sus instituciones y a sus grupos empresariales, lo que aquí se niega, caso de Abengoa, y en Andalucía, ha de tenerse en cuenta, muy en cuenta, el llamado agravio comparativo.

Esas son algunas de las realidades que nos ofrece el panorama político andaluz después de unas elecciones que, sin ser históricas -ya he dicho pocas cosas lo son realmente- han marcado un antes y un después porque las cosas han empezado a cambiar y… Sánchez lo sabe.

(Publicada en ABC Córdoba el viernes 1 de julio de 2022 en esta dirección)

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