Jamás hubiera calificado a una persona con una de las lecturas que pueden hacerse de las palabras que dan título a la columna de hoy. No lo haría por una norma de elemental respeto hacia las personas, incluidas las que no respetan lo que para otras es digno de ser respetado. Jamás, digo, lo hubiera hecho, salvo que la propia persona a la que voy a referirme se defina así misma como payaso y le sobraran los mocos. Creo que es conveniente aclarar, para no dar lugar a malos entendidos, que la de payaso es una profesión honorable donde las haya. Más allá de hacernos reír, buscan con su actuación el afloramiento de sentimientos en otras personas. El payaso al que me estoy refiriendo se ha acogido a su derecho a no declarar, al haber tenido que comparecer ante el juez por haberse sonado los mocos con la bandera de España.

Hay mucha gente que considera las banderas meros trapos, sin el menor valor. Pero hay mucha otra que ve en ellas un símbolo representativo de muchos valores y considera que no guardarle el respeto debido es un insulto a esos valores. Recuérdese que uno de los muchos errores de quien fuera presidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, fue no tener la cortesía de levantarse y permanecer sentado ante el paso de la bandera estadounidense en un desfile. A muchos norteamericanos les pareció una ofensa intolerable y les costó tiempo olvidarlo. Bajo el mandato de George Bush todos los intentos de Rodríguez Zapatero por ser recibido en la Casa Blanca o por conseguir un encuentro con aquel presidente de los Estados Unidos se saldaron con un fracaso.

El payaso al que nos estamos refiriendo se encuentra en un brete por haberse sonado los mocos con la bandera de España en un programa de televisión. Y, según sus propias palabras: «Le preocupa que lleven a un payaso ante el juez». Está en esta tesitura porque un magistrado admitió a trámite la denuncia presentada por una organización sindical de policía que consideró delictiva la acción del payaso. Tampoco debió de gustarle que se limpiara los mocos con la bandera de España a varias de las empresas patrocinadoras del programa en cuestión, que inmediatamente le retiraron sus patrocinios. El payaso ha pretendido justificarse señalando que ese es su «trabajo». ¿Limpiarse los mocos con la bandera de España? Muchos españoles se preguntarán cómo es posible que un trabajo pueda convertirse en un ultraje para sus sentimientos.

El payaso debía ignorar que en un artículo el Código Penal se condenan «las ofensas o ultrajes a España…o a sus símbolos o emblemas efectuados con publicidad…» con determinadas penas. Puede ser que él considere que sonarse los mocos con la bandera de España sólo sea hacerlo con un trapo, pero para muchos españoles la bandera es un símbolo con un alto valor. El director del programa donde tuvo lugar tal astracanada se ha visto en la obligación de pedir disculpas por lo ocurrido, señalando que era sólo una «broma».

Lo que algunos consideran bromas hieren la sensibilidad, las creencias o los principios de otras personas. Llama la atención que esas «bromas» que otros consideran su «trabajo» se lleven a cabo, esgrimiéndose el derecho a la libertad de expresión, con una serie de símbolos, mientras otros parecen intocables. El payaso que al sonarse los mocos con la bandera de España ofendió a tanta gente, se siente ahora preocupado por tener que asumir las consecuencias de su payasada.

(Publicada en ABC Córdoba el 1 de diciembre de 2018 en esta dirección)

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