Más allá de que las posiciones políticas dictan las declaraciones, incluso por encima de los planteamientos ideológicos, la presentación pública de los Presupuestos Generales del Estado suele producir reacciones que son un calco, un año tras otro. Los diputados y responsables públicos del partido que los ha elaborado, porque ejerce el gobierno, salen, a veces en tromba, a pregonar las bondades que tal presupuesto supone para la provincia en la que ellos ejercen su actividad pública. Los beneficios que se derivan del mismo son verdaderamente extraordinarios. Se trata de una especie de  maná económico que cae sobre el territorio y con el que se resolverán problemas y se hará frente a las principales dificultades a las que han de enfrentarse los ciudadanos. Por el contrario, quienes se encuentran en la oposición los consideran inadecuados, suponen un agravio, dejan pendientes las soluciones de los principales problemas… en definitiva, una especie de maltrato a la provincia y sus habitantes, y que sólo merecen el más frontal de los rechazos.

Basta que el lector tire de hemeroteca para comprobar como los diputados y cargos públicos socialistas -incluida la alcaldesa de la ciudad que siguiendo el guion ya le está exigiendo a Moreno Bonilla lo que no reclamaba a Susana Díaz- clamaron contra los Presupuestos Generales del Estado del año anterior, los que fueron elaborados cuando Rajoy era el inquilino de la Moncloa. Aquellos presupuestos, que se vieron obligados a defender y gestionar, fueron calificados como los peores de la historia. Los populares los defendieron a capa y espada. Ahora las tornas han cambiado. Con Sánchez en la Moncloa son los socialistas quienes ponderan las bondades de un presupuesto que para los populares es una especie de agresión a los intereses de Córdoba y los cordobeses.

Lo que nos parece, con los datos que poseemos, es que Córdoba no sale bien parada en las cuentas del Estado por mucho que se nos quieran vender sus bondades. Hay dos datos particularmente significativos para hacer esta afirmación. El primero, el hecho de que la subdelegada, Rafaela Valenzuela, como representante del gobierno de España, haya tenido que afirmar que esos presupuestos son mejorables en el trámite parlamentario. Ese es un dato. Si de los presupuestos se derivan tantos beneficios para nuestra provincia, ¿por qué hay que “vender” la posibilidad de mejorarlos? El segundo, que para justificar el aumento de un cuarenta por ciento respecto a las cifras del presupuesto del pasado año se eche mano de un argumento como es que suben las pensiones. No es sostenible esa posición. Si a ello añadimos que en el capítulo de inversiones la parte del león se lo lleva el gasto en la mejora de infraestructuras de Renfe nos encontramos con que la realidad es que esos presupuestos se muestran cicateros y para nada abordan algunos problemas que se han convertido en sempiternos. Probablemente sea la consecuencia de que en dichos presupuestos se está regando con cientos de millones de euros a la Generalitat de Torra en una muestra más de lo que Sánchez está dispuesto a hacer con tal de prolongar su estancia en la Presidencia del Gobierno desdiciéndose de su promesa de convocar inmediatamente las elecciones. Aunque no es descartable que, si no salieran adelante, prorrogara los de Rajoy, los peores de la historia, con tal de seguir algún tiempo más en la Moncloa.

(Publicada en ABC Córdoba el 26 de enero de 2019 en esta dirección)

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