Charles Dickens publicó en 1854 «Tiempos difíciles». Lo hizo por entregas, entre los meses de abril y agosto del mencionado año, en la revista «Household Words». En el siglo XIX, la publicación por entregas era una forma bastante habitual de dar las obras a la estampa. En ella, el novelista inglés sitúa al lector en una ciudad imaginaria de la Inglaterra de la época victoriana y cuenta, entre otras cosas, las dificultades de un tiempo, sobre todo para el proletariado, como consecuencia de los cambios que está introduciendo en la sociedad británica la revolución industrial. En estas décadas iniciales del siglo XXI también vivimos tiempos de grandes cambios que agitan a las sociedades. Ahora la revolución que está alterando nuestras vidas es la tecnológica y están ocurriendo cosas que llevan a pensar que estamos viviendo tiempos agitados que para algunos son tiempos difíciles, como señalaba Dickens en su novela.

Esa agitación deriva, por un lado, de la capacidad de difusión de los acontecimientos gracias a la susodicha revolución tecnológica. Por otro a la esencia misma de los acontecimientos. En la España de hoy nos encontramos con que está encarcelado, por delincuente, el cuñado del monarca reinante. Todo un acontecimiento que pone de relieve los valores de una democracia como la nuestra. Una democracia de la que abomina un peligroso xenófobo que, sin tener el menor empacho en saltarse la ley, es presidente de una de las comunidades autónomas más importantes de España y es recibido por el presidente del Gobierno de España, pese a que lleva en la solapa de su chaqueta un lacito amarillo que supone que, en la España que preside ese presidente hay presos políticos. Ese presidente de España llega a la presidencia sin haber ganado una sola elección, pero con el apoyo del número suficiente de diputados como para que prospere una moción de censura en la que, con el objetivo de echar al anterior presidente, sumaron esfuerzos gentes de muy diferentes pelajes políticos, incluidos los del lacito amarillo y quienes durante décadas dieron apoyo y cobertura política a la banda de asesinos llamada ETA.

Vivimos un tiempo en que el Gobierno ejecuta unos presupuestos que había calificado como los peores de nuestra historia, a los que consideraba un cúmulo de maldades y ahora ha de aplicar, después de defenderlos con sus votos en la votación final cuando han sido devueltos al Congreso con numerosas enmiendas aprobadas en el Senado. Vivimos en un tiempo en que el gobierno que empieza a pagar peajes a quienes auparon al poder al señor Sánchez en medio de la indignación de una parte importante de españoles que observa entre atónito e indignado como los asesinos etarras van a ser trasladados a cárceles del País Vasco, como lo han sido los políticos catalanes presos, por atentar contra la legalidad constitucional, a cárceles catalanas, que dependen orgánicamente del mencionado presidente xenófobo. Vivimos un tiempo en que iba a entregar el control de la poderosa RTVE a los podemitas, aunque ese peaje quedó frustrado porque su máximo líder, como en otras ocasiones, ha tenido lo que se conoce como flujo en la lengua, como cuando criticaba que otro se comprase una casa de seiscientos mil euros que es el precio que ha pagado por la que él se ha comprado.

¡Qué tiempos estos nos está tocando vivir! Son tiempos muy diferentes a los de Dickens, pero no menos difíciles.

(Publicada en ABC Córdoba el 21 de julio de 2018 en esta dirección)

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