Las denominadas familias suelen ser habituales en los partidos políticos. Acogen, al menos en teoría, a militantes que, dentro de la organización, tienen ciertas divergencias. La realidad es que las familias políticas suelen enfrentarse con bastante contundencia por hacerse con el control de partido y con el poder en su seno para que sean los suyos quienes ocupen los cargos institucionales, si ello es posible. Hay ocasiones en que esos enfrentamientos son sangrientos y se busca el exterminio del otro. Tal circunstancia no es exclusiva de una determinada ideología. Ocurre en el Partido Popular, donde ha habido cospedalistas, sorayistas, casadistas, aznaristas… Las hubo en el PA entre alejandristas y pachequistas. También en formaciones de más reciente creación como ocurre entre los podemitas con la existencia de errejonistas, pablistas, anticapitalistas y otra larga serie de ‘antis’ relacionado con todo lo que suponga enfrentarse el detestable sistema capitalista en el que se cobijan. No podrían ser antibolivarianos en Venezuela o anticastristas en Cuba por citar un par de casos de regímenes a los que admiran.

El PSOE tiene larga tradición en enfrentamientos familiares. Los largocaballeristas se las tenían tiesas con los prietistas durante la Segunda República, durante la Guerra Civil y después en el exilio. Más recientemente, se enfrentaron guerristas y felipistas y, en Andalucía, la lucha fue entre guerristas y borbollistas. Ahora asistimos a otro episodio de enfrentamiento familiar en el seno de PSOE andaluz. Lo vienen protagonizando desde hace muchos meses los sanchistas, a los que se conoce también como pedristas, y los llamados susanistas. La batalla está servida tanto a nivel andaluz como cordobés.

Susana Díaz, en sus momentos de gloria, cuando era presidenta de la Junta de Andalucía y controlaba el PSOE en estos lares después de haber, literalmente laminado, cualquier resistencia, buscó acabar con Sánchez, la jugada no le salió y, en un error de cálculo, adelantó las alecciones en Andalucía y, tras casi cuatro décadas, los socialistas perdieron el poder. Muy pronto, es lo que suele ocurrir, aparecieron sanchistas andaluces cuando Sánchez se hizo con el poder del partido a nivel de España. Ahora es Susana Díaz quien trata de resistir y mantenerse al frente del PSOE en Andalucía con los susanistas disminuyendo en número. Cosas de la pérdida de poder. Pero en Córdoba controlan la Diputación, sus empresas y muchos ayuntamientos. Habrá batalla, salvo que haya cambios de bando de última hora porque el poder menguante no suele animar al combate.

Mientras, los sondeos anuncian que el otrora poderoso PSOE andaluz no concita el entusiasmo electoral de antes. Las amenazas de que se perderían pensiones y subsidios con que asustaban a la parroquia, si llegaba la derecha, no han sucedido con la derecha en el gobierno.

(Publicada en ABC Córdoba el 27 de marzo de 2021 en esta dirección)

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