Era otro tiempo. El tiempo en que el PSOE ganaba reiteradamente las elecciones en Andalucía con la holgura suficiente para gobernar. Ocurrió durante casi cuatro décadas, pese a que, desde hacía tiempo la corrupción de los Eres era una realidad palpable y que habían creado una administración paralela para colocar paniaguados y evitar controles. Pese a eso seguían ganando las elecciones, sacaban pecho y repetían que el pueblo no se equivoca nunca. El pueblo es soberano y expresa su voluntad a través de las urnas. Era cierto que quienes mostraban mayor fidelidad era en las zonas más rurales —burgos podridos los llamó Azaña en 1933— porque en aquel dominio gubernativo socialista hubo momentos en que prácticamente todas las capitales de provincia estaban gobernadas por alcaldes de la oposición.

Pero en Andalucía, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares de España, donde el peso demográfico de una sola ciudad supone el setenta por ciento de la población de toda la comunidad —caso de Zaragoza con respecto a Aragón—, la población en cualquier provincia no es fundamentalmente capitalina. La población de la provincia de Córdoba, por ejemplo, sobrepasa los ochocientos mil habitantes, medio millón no viven en la capital.

Pero eso de que el pueblo no se equivoca no lo comparten cuando el pueblo no les vota. Ha ocurrido en Madrid, donde Tezanos, que si tuviera un mínimo de dignidad habría presentado su dimisión por trucar en beneficio del partido en que milita los resultados que ofrecen los sondeos demoscópicos de Centro de Investigaciones Sociológicas calificaba despectivamente como tabernarios a los votantes madrileños porque sabía que iban a votar de forma mayoritaria a Isabel Díez Ayuso, a la que no se privaba de calificar también de forma despectiva. En su estudio demoscópico la izquierda equilibraba los resultados de la derecha en Madrid, el PP obtendría cincuenta y cinco diputados y el PSOE mantendría con ligeras pérdidas sus treinta y siete diputados.

Ahora resulta que el pueblo se equivoca, que no sabe votar, que se dejan llevar por quienes les permiten ir a tomar cañas a los bares y las tabernas. Son unos tabernarios porque no votan lo que a ellos les gustaría que votasen. El pueblo, en este caso el de Madrid, se ha equivocado al votar porque, electoralmente hablando el PSOE de esa comunidad, ha obtenido los peores resultados desde 1977. Parece ser que no ha influido que Sánchez se metiera en campaña para desaparecer cuando vio que pintaban bastos y que esos tabernarios sabían que quiere subirles los impuestos porque así lo piden desde Cataluña, que pacta con los herederos políticos de los asesinos de ETA o con independentistas catalanes, cosa que gran parte de los españoles, en las tabernas o en cualquier otro sitio, sienten como una traición.

(Publicada en ABC Córdoba el 15 de mayo de 2021 en esta dirección)

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One Response to Tabernarios | JoséCalvoPoyato
  1. También se metieron en la campaña otros miembros del gobierno y salieron escaldados.


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