En el PSOE, como en cualquier partido político, se toma nota de acciones, actitudes y decisiones. Pero, de un tiempo a esta parte, son muchos los que los hacen… y lo dicen. Susana Díaz tomaba nota de lo que había ocurrido en el Comité Federal de PSOE donde el sanchismo laminó a los susanistas que ocupaban lo que se denomina “puestos de salida” en las listas electorales. Ávalos, secretario de Organización de los socialistas tomaba nota de que Díaz había tomado nota. Suponemos que también toma nota de lo que está ocurriendo entre los socialistas de estos lares que, además, de considerarse ninguneados -no sin razón-, saben que son el principal granero de votos del PSOE en toda España. Lo que se dice que está pasado es que el socialismo andaluz quiere gozar de los mismos privilegios que tienen el socialismo catalán, articulado en el PSC y que, entre otras cosas, le permite evitar que, aunque Ferraz ha de aprobar las listas electorales, no puede entrar a saco en ellas, como ha hecho con las del PSOE Andalucía.

Sánchez, que se decía el secretario general de los militantes, cuya voluntad le parecía sagrada, no ha tenido empacho en pulverizar esa voluntad cuando así ha convenido a sus intereses. Las listas que los socialistas andaluces llevaban al Comité Federal habían salido de la voluntad de una militancia que está controlada por Susana Díaz. Sánchez ha hecho lo que suele hacerse en los partidos, colocar a fieles a su persona en las listas electorales, saltándose sus promesas de tener presente la voluntad de la militancia. Es algo que no puede extrañarnos porque forma parte de sus planteamientos hacer lo contrario de lo que ha dicho que haría. Es su forma de actuar,  según las circunstancias, con una frecuencia que raya en la desfachatez.

Oficialmente, como no puede ser de otra forma, la dirigente andaluza del PSOE no reconoce lo que se está gestando, pero sus respuestas, al ser preguntada sobre ello, son lo suficientemente llamativas como para que se deduzca que la caldera está hirviendo. Susana Díaz no lo niega, se limita a decir que ahora no está en esos asuntos internos de partido: “No estoy disponible para este tipo de historias”. En sus palabras tampoco aparece la menor crítica a quienes están en ello. Suponemos que Ávalos ha vuelto a tomar nota.

Así las cosas, el 28 de abril hay, al menos en Andalucía, mucho más en juego que unas elecciones generales, que se van a dilucidar en un puñado de votos. Está en juego el futuro de un partido que ha sido hegemónico por estos pagos durante casi cuarenta años. Si Sánchez, pese a ser el más votado -según anuncian las encuestas, que también indican que el número de indecisos está en torno a un cuarenta por ciento- tuviera que abandonar la Moncloa, va a tener que enfrentarse a un serio problema interno en Andalucía. No es fácil lo que los susanistas pretenden, según rezan los estatutos del PSOE, pero la bronca está servida. Si Sánchez sigue siendo presidente del gobierno después de las elecciones, la que tiene un gran problema es Susana Díaz.

En Andalucía las elecciones generales, siendo de una gran importancia por sí mismas, tienen un valor añadido de enorme interés. Así que tomen nota porque con una sublevación en ciernes pueden producirse cambios de suma importancia.

(Publicada en ABC Córdoba el 3 de abril de 2019 en esta dirección)

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