No creo en las proyecciones demográficas, pero el análisis de las pirámides de población de muchas localidades presentan bases tan estrechas que parecen a punto de desplomarse y eso me hace ser pesimista. El futuro, por razones de una natalidad escasa, no anuncia nada bueno. Pero no es ese el único factor que pesa negativamente sobre la demográfica de buena parte de los pueblos cordobeses. La falta de oportunidades ha dado lugar a fuertes corrientes migratorias Un caso significativo lo tenemos en la que fue pujante Peñarroya-Pueblonuevo de los años veinte y treinta del pasado siglo en que rivalizaba en servicios con la propia capital y hoy ofrece la lamentable imagen de una población con edificios abandonados y casas cerradas  que compiten con las que todavía conservan sus moradores. Es el resultado de haber perdido dos terceras partes de su población desde aquellas gloriosas fechas. Añádase que su vecindario envejece rápidamente y que parte de su población se sostiene gracias a las elevadas pensiones de los abuelos que trabajaron en la mina, pero conforme van desapareciendo la situación se encamina hacia la tragedia demográfica.

Hay otro factor, más allá de la emigración consecuencia de la falta de oportunidades en el mundo rural y del atractivo de las formas de vida capitalinas o de la crisis de la natalidad y que ha venido a acentuar el problema de la España vacía en los últimos años. Nos referimos al papel que, en la movilidad de la población laboral, están jugando las modernas infraestructuras que hoy son una espléndida realidad en el país, principalmente las autovías -la existencia de líneas de alta velocidad ferroviaria actúan fundamentalmente sobre el desplazamiento laboral en los ámbitos urbanos- que permiten desplazamientos diarios hasta hace muy poco inviables. Muchos trabajadores, buena parte de ellos en servicios públicos como la sanidad o la educación, se desplazan cotidianamente a sus trabajos en el ámbito rural o incluso en poblaciones de tamaño medio, al tener fijada su residencia en la capital de la provincia. Es práctica en la que también se ejercitan jueces y fiscales, funcionarios municipales y de prisiones. No fijan su residencia en sus lugares de trabajo por la facilidad de la red viaria les permite, una vez terminada su jornada laboral, para desplazarse hasta la capital de la provincia en poco tiempo, recorriendo distancias que hace sólo unos años eran prácticamente insalvables con el estado las carreteras de nuestro país. Esa población ni se vincula ni compra bienes o demanda servicios en los lugares de trabajo, lo que resta posibilidades de desarrollo económico a esas poblaciones. Esa circunstancia da lugar a una espiral donde ante la falta de servicios por ausencia de demanda tiene como consecuencia el deseo de fijar la residencia donde se tienen esos servicios al alcance. Hacen uso del derecho constitucional de fijar libremente su lugar de residencia, lo que no es óbice para que sea un factor más que se suma a la preocupante situación del mundo menos urbano y que hemos empezado a denominar como la España vacía.

El problema empieza ahora a pintarse con tintes de tragedia, pero su origen es largo en el tiempo, sin que se hayan procurado remedios. A una demografía en crisis por la caída de la natalidad, cuyas causas sería prolijo explicar, se suman otros factores que caracterizan nuestro tiempo.

(Publicada en ABC Córdoba el 28 de agosto de 2019 en esta dirección)

Imagen: pixabay

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