La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz —perteneciente a la rama podemita del gobierno—, quien, ciertamente, por mor de las circunstancias, sin que sea culpa suya, terminará siendo la ministra de Trabajo con la que mayores cifras de desempleados se incrementaron las listas del paro que jamás se ha conocido en nuestra democracia y posiblemente en toda la Historia de España, nos obsequiaba días pasados con una perla para enmarcar. No es de extrañar viniendo de la misma ministra que explicaba hace algunos días, y de qué forma lo hacía, lo que era un ERTE. Por cierto, los ERTES fueron una iniciativa contra la cual Podemos había lanzado toda clases de dardos e invectivas y arremetió contra su autora, Fátima Báñez cuando esta era ministra de Trabajo y los puso en marcha durante uno de los gobiernos de Rajoy, el que se ha saltado la cuarentena, al igual que Pablo Iglesias, con el pequeño matiz que los diferencia de que Rajoy es en la actualidad un ciudadano particular y él es el Vicepresidente Segundo del gobierno de España.

Nos decía la ministra que se había diseñado la reactivación de la actividad laboral en dos fases. La primera de esas fases —cito textualmente— “abarcará los sectores productivos hasta el verano y, otra, que se extenderá hasta final de año”. Aclaraba que en esa otra se encontraban la restauración, la cultura, el turismo y el ocio. Es decir, que en opinión de la señora ministra el turismo, que supone más de un diez por ciento del producto interior bruto de España, no es una actividad productiva porque, según sus propias palabras, no está en la primera fase, la productiva, que es la que volverá a funcionar antes de verano. Tampoco es una actividad productiva la cultura —cerca de cuatro por ciento del producto interior bruto—, ni lo es la restauración en un país que tienen el mayor número de bares, tabernas cafeterías… por habitante de toda la Unión Europea y, posiblemente del mundo. No se tardó mucho, mediante la consabida nota de prensa, en enmendar la metedura de pata ministerial. Pero no para corregir tamaño error acerca de las actividades productivas, sino para señalar que no era competencia de Trabajo establecer la forma en que se volvería a la actividad laboral. Eso es algo que corresponde al ministerio de Sanidad y pone de manifiesto, una vez más, los codazos de Podemos para hacerse ver en los medios de comunicación, tras la decisión presidencial de que ninguna de las carteras que se encuentran en sus manos, forme parte de ese núcleo duro de ministerios sobre los que recae el peso de combatir la crisis.

Surgen interrogantes derivados de las afirmaciones, ciertamente desafortunadas, de la señora ministra: ¿puede seguir desempeñando la cartera de Trabajo, quien sostiene tales puntos de vista sobre productividad? ¿Puede un presidente, que vele por algo tan importante como el trabajo, seguir manteniéndola a la cabeza de ese ministerio?

La ministra de Trabajo, según se decía, era la gran apuesta de Podemos en el gobierno que Sánchez ha configurado, pero ante sus actuaciones y los conceptos que tiene sobre cosas elementales relativas a la actividad laboral hace que se alberguen serias dudas sobre su competencia en la materia sobre la que tiene la mayor responsabilidad… porque es ministra.

Por cierto, no oigo decir enfermos y enfermas, contagiados y contagiadas, muertos y muertas… No es mala cosa. Menos patadas al diccionario.

(Publicada en ABC Córdoba el 25 de abril de 2020 en esta dirección)

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