La pregunta con que titulamos Desde Simblia no es retórica. Puede hacerse realidad, aunque no es fácil, tal y como han ido evolucionando las cosas en las últimas décadas en el mundo de la banca. No hace tanto tiempo el pago de letras de cambio, recibos de luz o impuestos y tasas municipales se hacía de forma muy diferente. Había cobradores que acudían a los domicilios con las letras el día de su vencimiento o llevaban en su cartera el recibo del consumo eléctrico. Para pagar los impuestos municipales —en algunos sitios se denominaban arbitrios— se acudía a la oficina de recaudación. No había domiciliaciones bancarias por la sencilla razón de que sólo una minoría de la población tenía cuenta bancaria. Los sueldos se cobraban en mano y los pagos se realizaban en efectivo.

Con la modernidad todo eso cambió. Las nóminas se ingresaron en cuentas bancarias y el pago de los recibos quedó domiciliado. Los bancos y las cajas de ahorros —lugares extraños hasta entonces para muchos españoles— se convirtieron en instituciones indispensables para una gran parte de la población. Se abrieron cuentas corrientes y de ahorro, que se estimulaba. Se celebraba incluso un día al que se daba el pomposo nombre de Día Universal del Ahorro. El dinero salió de arcas de varias llaves y de debajo de las losillas que eran los lugares tradicionales donde muchas familias lo guardaban.

El crecimiento de la banca hizo que en las principales calles y las esquinas de mayor tránsito de las poblaciones aparecían oficinas bancarias para prestar un servicio de proximidad a la clientela. Muchos se sentían importantes por tener un talonario de cheques. Era un signo de distinción. Años después llegaron las tarjetas que proliferaron como las setas en otoño después de las primeras lluvias y para ser persona distinguida había que tenerla en su versión oro.

Tras la crisis de 2008 las cosas han ido cambiando. Han desaparecido entidades y cerrado considerable número de oficinas. Muchas localidades pequeñas, se han quedado sin servicio y los cajeros han sustituido a los empleados. Sacar o ingresar dinero se ha convertido en un problema para muchos. El negocio tradicional —remuneración del ahorro y cobro de un interés, más o menos elevado, por los préstamos— ha caído en picado. Hoy se cobran comisiones por unos extraños servicios: administración y mantenimiento de la cuenta. En realidad, los servicios son cada vez más escasos, hasta hay horario para poder cobrar un cheque en alguna entidad. En ciernes está efectuar un cobro por tener depositado dinero. Es la respuesta al interés negativo de las hipotecas referenciadas al Euribor. Es el mundo al revés de como muchos lo conocíamos.

Hay quien piensa volver a la losilla, aunque parece poco realista, según está la vida.

(Publicada en ABC Córdoba el 5 de diciembre de 2020 en esta dirección)

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