La República de Malta es uno de los veintisiete países de la Unión Europea, descontada  Gran Bretaña después del referéndum que decidió el brexit. Se trata de dos pequeñas islas, Malta y Gozo, cuya extensión es 316 kilómetros cuadrados -la provincia de Córdoba más de tiene 13.769-, y su población, que no llega al medio millón de habitantes. Eso supone la mayor densidad de toda la Unión Europea. Malta y Gozo están situadas al sur de Sicilia, en el centro del Mediterráneo y han tenido una agitada historia debido, precisamente, al valor estratégico que le ha proporcionado esa situación geográfica.

En la antigüedad estuvo en manos de los cartagineses y después pasó a poder de los romanos. Ya en la Edad media fue conquistada por los árabes a quienes se la arrebataron los normandos del reino de Sicilia. En 1282 pasó a formar parte de la corona de Aragón -la que algunos indocumentados y otros con aviesas intenciones denominan catalanoaragonesa- hasta que en 1530 Carlos I se la entregó a la Orden de San Juan de Jerusalén, hoy Orden de Malta, para que se encargaran de defenderla de los otomanos que avanzaban por el Mediterráneo. A cambio, los caballeros debían entregar al rey de España, por la festividad de Todos los Santos, un halcón adiestrado para el arte de la cetrería. Los caballeros cumplieron con tan llamativa renta hasta que Napoleón los expulsó de la isla en 1798. Esta historia inspiró a Dashiel Hammett su novela “El halcón maltés”. Conquistada por los ingleses durante las guerras napoleónicas, formó parte del imperio británico hasta su independencia en 1964.

Uno de sus episodios históricos más importantes es conocido como el Gran Asedio cuando una poderosa flota otomana -160 galeras y 30.000 hombres- atacó en la primavera de 1565. Pero los Hospitalarios, dirigidos por su maestre, Jean Parisot de la Valette -hoy la capital de Malta es la Valeta en recuerdo del maestre- resistieron durante tres meses un terrible asedio, hasta la llegada de los tercios de infantería españoles, mandados por Gonzalo de Bracamonte, Sancho de Londoño y Álvaro de Sande. Arribaron a Malta en una flota mandada por Álvaro de Bazán. Obligaron a los otomanos a levantar el asedio y retirarse.

En 1606 recaló en Malta, protegido por el maestre Alois de Wignancourt, uno de los grandes pintores de todos los tiempos: Caravaggio. El genial pintor llevaba meses huyendo de la justicia papal por haber dado muerte a Ranuccio Tomassoni en una reyerta callejera. Fue propuesto por Wignancourt para ingresar en la Orden y pintó entonces su impresionante “Decapitación de San Juan Bautista”, que se conserva en el Oratorio de la Concatedral de San Juan, en la Valeta. Es la única pintura de Caravaggio que lleva su firma. Un nuevo altercado, nuca esclarecido, lo llevó a prisión. Se fugó y fue expulsado de la Orden, acusado de graves faltas de moralidad y de “ser miembro non grato”. Los pocos meses que le quedaron de vida fueron complicados para el pintor. En Nápoles sufrió un intento de asesinato -uno de sus biógrafos señala a los caballeros de la Orden de Malta como autores del intento-, que murió, en circunstancias extrañas, en la playa de Porto Ercole en julio de 1610.  Peter Harris le dedicó una novela, titulada “El pintor maldito”.

En Malta, uno de los ónfalos del Mediterráneo, hay mucha historia y mucho arte por kilómetro cuadrado. Merece una visita.

(Publicada en ABC Córdoba el 3 de marzo de 2018 en esta dirección)

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