En las fechas del calendario la celebración de la Semana Santa puede variar considerablemente de un año para otro. No cae en la misma fecha, a diferencia de lo que ocurre con la mayor parte de las celebraciones litúrgicas, como es el caso de las festividades dedicadas a la Virgen, por ejemplo la Asunción o la Inmaculada; Las dedicadas a los santos como San Juan o Santa Ana; también son fijas, por ejemplo, la festividad de Todos los Santos o de la Navidad. La conmemoración por parte de la Iglesia de la pasión, muerte y resurrección de Cristo está relacionada con la celebración de la Pascua judía, una fiesta con la que este pueblo recuerda el episodio de la salida de Egipto y la libertad de Israel de la esclavitud a que les sometía el faraón. Esa fiesta judía se celebra el décimo quinto día del mes de Nisán, día en el que hay luna llena. Es la primera luna llena de la primavera y los judíos la conocen con el nombre de luna de Parasceve o de la Preparación, que es el momento de la preparación para el Sábado, el Sabbath, cuya celebración comienza al anochecer del viernes, justo cuando la primera estrella hace su aparición en el firmamento.

La elección por parte de los judíos de que fuera una noche de luna llena la escogida para la celebración de la Pascua tiene también un carácter eminentemente práctico, dado que muchos de ellos se encaminaban esa noche hacia Jerusalén para dicha celebración y, siempre que el cielo estuviera despejado, la luna era su aliada para alumbrarles el camino en medio de la noche.

Los meses del calendario judío se fundamentan en lo que conocemos como el ciclo lunar; es decir, el periodo en que la Luna completa una vuelta sobre la Tierra y que dura un periodo de veintinueve días y medio. Para completar el año judío, que tiene doce meses, se intercalan los de veintinueve y los treinta días. Los meses comienzan cuando apenas puede vislumbrarse una delgada línea lunar en el firmamento que va creciendo en los días siguientes para llegar a la plenitud, el llamado plenilunio, justo cuando se está a la mitad del mes. A partir de ese plenilunio, la visibilidad del satélite desde la Tierra va disminuyendo a lo largo su segunda mitad hasta desaparecer. El mes termina en el momento en que ha desaparecido por completo la visión de la Luna desde la Tierra.

Fue precisamente el viernes anterior al Sabbath en que los judíos celebraban la Pascua cuando Jesús murió en la cruz y, por lo tanto, la resurrección se produjo el domingo siguiente, el primero tras la luna de Nisán. Ese fue el dictamen, tras arduos debates, que se estableció en el Concilio de Nicea (325). Por eso, si el cielo está despejado en las noches de la Semana Santa, una luna espléndida acompaña a los pasos procesionales que hacen su estación de penitencia al coincidir con esa primera luna de primavera o luna de Nisán que puede oscilar, según el calendario por el que nos regimos, entre fechas tan dispares como el 22 de marzo y el 25 de abril. Eso supone que la Semana Santa puede comenzar incluso antes de que se inicie la primavera astronómica o prolongarse hasta poco antes de que veamos como finaliza el mes de abril.

(Publicada en ABC Córdoba el 12 de abril de 2017 en esta dirección)

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